Anexo II. Capítulo I. Análisis de los factores que impulsan la deforestación en las áreas protegidas y los territorios indígenas de la Amazonía y su relación con los delitos contra la naturaleza

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Introducción #

La selva amazónica, esencial para la biodiversidad global y la regulación climática, enfrenta amenazas sin precedentes debido a la deforestación. Los delitos contra la naturaleza – definidos como «actividades ilegales que causan daños significativos al medio ambiente, los ecosistemas y la biodiversidad»1 – aceleran esta destrucción y, al mismo tiempo, se ven impulsados por ella. La mayor parte de la deforestación en la Amazonía es ilegal, y ocurre en áreas donde la eliminación de la cubierta forestal está prohibida o requiere una autorización que ha sido solicitada ni concedida. Aunque la deforestación está tipificada como delito en sí misma en la mayoría de los países amazónicos, suele estar asociada también al lavado de dinero, el tráfico ilícito y a la corrupción.

Este informe presenta un análisis exhaustivo de los factores que impulsan la deforestación dentro de las Áreas Protegidas (AP) y los Territorios Indígenas (TI) -definidos aquí como tierras indígenas con título formal- en toda la cuenca amazónica, con especial atención al año 2024, que marcó récords históricos. También examinamos cómo estos factores se relacionan con conductas ilegales que pueden indicar posibles manifestaciones de delitos contra la naturaleza. El enfoque en las AP y los TI, donde suele estar prohibida la remoción a gran escala de la cobertura forestal, funciona como un indicador de la ilegalidad. Con datos recientes sobre los factores causales de la deforestación, mostramos cómo estas se vinculan con una amplia gama de actividades ilícitas más allá de la remoción de vegetación, delineando el alcance y la distribución de estas manifestaciones de delitos contra la naturaleza en la región.

Solo en 2024, registramos una pérdida alarmante de bosque primario tanto en las AP como en TI, con una parte significativa atribuible a actividades vinculadas a delitos contra la naturaleza. El análisis revela que, aunque los incendios forestales —a menudo provocados deliberadamente— son un factor importante en la pérdida de bosque también se despejaron áreas sustanciales para la agricultura permanente, agricultura de roza y quema, extracción de materias primas (principalmente minería de oro) y tala ilegal. Dado que estas actividades suelen ser ejecutadas por redes de delincuencia organizada, sus implicaciones van más allá del impacto ambiental, afectando la seguridad pública y la gobernanza en las jurisdicciones amazónicas.

Este informe cuantifica la magnitud de esta destrucción e identifica las áreas protegidas (AP) y los TI más afectados por estas actividades ilícitas, presentando un desglose por país y destacando los distintos patrones de deforestación en la cuenca amazónica. Por ejemplo, mientras que los incendios forestales son el factor dominante en Brasil y Bolivia, la deforestación relacionada con la agricultura es más frecuente en Colombia. También identificamos puntos críticos de minería de oro en varios países, lo que evidencia la expansión del crimen organizado en tierras protegidas e indígenas.

Más adelante, en la Sección 3, nos enfocamos en el estado estratégico de Mato Grosso, en el este de Brasil, para analizar con mayor detalle los casos de deforestación legal e ilegal en múltiples sectores.

Metodología #

Este análisis se basa en los datos más recientes de la Universidad de Maryland (UMD), que ofrecen un desglose detallado de la pérdida de bosque primario desde 2001 hasta 2024. Nuestra metodología consistió en un examen exhaustivo de estos datos en relación con los límites geográficos de más de 4.200 áreas naturales protegidas (AP) y territorios indígenas (TI) en todo el bioma amazónico. Para garantizar la precisión de los resultados, corroboramos la información de la UMD con imágenes satelitales de alta resolución de Planet, lo que permitió evaluar con detalle los factores que impulsan la deforestación sobre el terreno.

Tras comparar los dos principales conjuntos de datos disponibles para toda la Amazonía —el de la Universidad de Maryland (incluido en Global Forest Watch) y el de Mapbiomas— constatamos que solo el primero estaba actualizado hasta 2024. Dada la relevancia de este período y el objetivo de proporcionar información oportuna, el análisis se centró en los datos de la UMD para ofrecer una estimación inicial y actualizada de los posibles delitos contra la naturaleza en 2024. Una comparación más detallada entre los datos de UMD Mapbiomas para 2023 se presenta en el Anexo I.

Los datos de la UMD indican la pérdida de bosque primario causada por incendios y por otros factores y abarcan todo el bioma y la cuenca amazónica desde 2001 hasta 2024 . Analizamos esta información en relación con las áreas protegidas (AP) y los TI (fuente: RAISG 2024)2 , lo que nos proporcionó una muestra inicial amplia, con más de 4.200 áreas y territorios en total.

1. Pérdida de bosque en áreas protegidasy territorios indígenas #

L superficie total analizada por este informe abarca:

Superficie total de las AP = 230,9 M ha

Superficie total de los TI = 199,7 M ha

Desglosado por país:

Brasil es el país con mayor superficie, con más de 128 M ha de áreas protegidas y 115 M ha de territorios indígenas

En AP, a Brasil le sigue, con bastante diferencia, Venezuela (31,1 M ha), Bolivia (23,8 M ha) y Perú (20,9 M ha)

En TI, a Brasil le sigue Perú (32,2 M ha) y Colombia (27,9 M ha)

Analizamos la totalidad de estas áreas para evaluar la pérdida de bosque primario.

Gráfico 1.

Para este conjunto completo de datos (2001-2024), estimamos una pérdida de 3,9 millones de hectáreas de bosque primario por causas distintas a los incendios en las áreas protegidas de toda la Amazonía, equivalente al 1,6 % del sistema total de AP. A esto se suman 2 millones de hectáreas adicionales de pérdida atribuible a incendios (véase la Tabla 1). Es importante destacar que 2024 registró, con amplia diferencia, los valores más altos en ambas categorías.

Tabla 1

De manera similar, calculamos una pérdida de 2,4 millones de hectáreas de bosque primario por causas distintas a los incendios en los TI (1,2 % de la superficie total), además 2,6 millones de hectáreas adicionales atribuidas a incendios (véase el Gráfico 2). Al igual que en las AP, el año 2024 registró, con amplia diferencia, los valores más altos en ambas categorías.

Tabla 2

A continuación, nos enfocamos en los datos de 2024, un año que batió récords, para realizar un análisis detallado de los factores impulsores de la deforestación en estas áreas. El conjunto de datos incluye 685 áreas protegidas-a nivel nacional, estatal y municipal – y 3.605 TI con título de propiedad.

En las AP, estimamos una pérdida de 390 341 hectáreas de bosque primario por causas distintas a los incendios, más 783 218 hectáreas adicionales atribuidas a incendios. En los TI, la pérdida de bosque primario no relacionada con incendios fue de 421 811 hectáreas, más 1 102 518 hectáreas adicionales por incendios.

En cuanto a las áreas protegidas, Bolivia registró la mayor pérdida forestal (175 290 ha), seguida de Brasil (172 471 ha).

De manera similar, en los TI, Bolivia también tuvo la mayor pérdida forestal (229 211 ha), seguida por Brasil (105 670 ha) —más del doble de diferencia—.

Al normalizar por superficie, Bolivia presentó, con amplia diferencia, la tasa de deforestación más alta entre las AP (0,74 %).

En los TI, Bolivia también lideró con la tasa más alta (1,82 %), seguida de cerca por Venezuela (1,68 %).

Para enfocar mejor el análisis en los casos más urgentes, aplicamos dos filtros: 1) En las áreas protegidas (AP), nos enfocamos únicamente en los parques nacionales, ya que son la categoría más emblemática y la menos propensa a permitir usos sostenibles que puedan confundirse con manifestaciones de delitos contra la naturaleza; y 2) tanto para los parques nacionales como para las áreas de interés (AI), consideramos únicamente aquellos que registraron una pérdida superior a 1.000 hectáreas de bosque primario en 2024.

Estos dos filtros dieron como resultado 23 parques nacionales (que abarcan 37,9 millones de hectáreas) y 86 Territorios Indígenas (TI) (que abarcan 94,6 millones de hectáreas). Entre los 23 parques más afectados, 12 se encontraban en Brasil, 4 en Bolivia, 3 en Colombia, 3 en Venezuela y 1 en Perú (véanse las áreas moradas en la Figura 1). Entre los 86 TIs más afectados, 43 se encontraban en Brasil, 25 en Bolivia, 6 en Guyana, 8 en Venezuela, 3 en Colombia y 1 en Perú (véanse los territorios morados en la Figura 2).

Figura 1. Mapa de los parques nacionales afectados por la pérdida de bosques en 2024

Figura 2. Territorios indígenas afectados por la pérdida de bosques en 2024

2. Análisis de los factores que impulsan la deforestación para 2024 #

Para la siguiente etapa del análisis, examinamos los nuevos datos sobre los factores que impulsan la pérdida de bosques proporcionados por la Universidad de Maryland (UMD). Este conjunto de datos clasifica la pérdida de bosque primario en siete categorías: agricultura permanente, cultivo itinerante, materias primas duras, tala, incendios forestales, asentamientos e infraestructura, y otras perturbaciones naturales. Estas categorías permiten identificar actividades potencialmente asociadas con delitos contra la naturaleza. Para efectos del análisis, combinamos la agricultura permanente y el cultivo itinerante en una categoría general denominada «Agricultura», mientras que materias primas duras se interpreta como minería de oro. Estas categorías, junto con la tala, representan los indicadores más directos de posibles delitos contra la naturaleza. En la tabla siguiente detallamos cómo cada una de estas categorías de pérdida de bosques se relaciona con manifestaciones potenciales de delitos contra la naturaleza.

Descripción de las clases del conjunto de datos de la UMD Relación con posibles delitos contra la naturaleza
Agricultura permanente: Pérdida permanente y a largo plazo de la cobertura arbórea debido a la agricultura a pequeña y gran escala. La agricultura permanente -desde fincas de pequeña escala hasta grandes plantaciones industriales- es uno de los principales impulsores de la deforestación en la Amazonía. Cuando la expansión agrícola ocurre en tierras sin derechos de uso claros y sin cumplir con los requisitos de autorización para la remoción de vegetación, se convierte en una actividad ilegal. Grupos del crimen organizado participan en el acaparamiento de tierras, talando ilegalmente grandes extensiones para establecer ranchos ganaderos y operaciones agrícolas, a menudo utilizadas para lavar ganancias provenientes del narcotráfico y la minería ilegal.
Fuentes: The ecosystem of environmental crime in the Amazon; Cattle Supply Chains and Deforestation of the Amazon
Materias primas duras: Pérdidas asociadas al establecimiento o expansión de infraestructura minera o energética.

La extracción de materias primas duras – especialmente la minería de oro – genera impactos ambientales y sociales profundos. Este sector está fuertemente infiltrado por el crimen organizado, que emplea mercurio y otras sustancias toxicas que contaminan ríos y suelos. Los grupos criminales controlan los sitios mineros mediante violencia e intimidación, desplazando comunidades indígenas y explotando trabajadores. El oro extraído ilícitamente se mezcla en cadenas de suministro legales, dificultando rastrear su origen. La expansión de infraestructura energética, aunque a veces sea legal, también puede facilitar la colonización ilegal y la extracción de recursos.

Fuentes: Nature Crime Fuels Deforestation in the Amazon; Inside the fight against illegal mining in the Amazon

Cultivo itinerante: Pérdida de cobertura arbórea por tala a pequeña y mediana escala para cultivos temporales que luego se abandonan, permitiendo el rebrote de vegetación secundaria.

El cultivo itinerante tradicional realizado por comunidades indígenas es una práctica sostenible y lícita dentro de los territorios indígenas. Sin embargo, en parques de conservación estricta suele ser ilegal. Además, esta huella puede confundirse con cultivos ilícitos, como la coca, lo que dificulta distinguir entre prácticas tradicionales y actividades criminales.

Fuente: The Unstoppable Rise of Environmental Crime

Tala: Actividades de manejo forestal y extracción de madera en bosques naturales o plantaciones, generalmente con evidencia de regeneración posterior.

La tala ilegal es una de las principales formas de crimen ambiental en la Amazonía. A menudo se oculta bajo permisos fraudulentos y corrupción dentro de cadenas de suministro legales. Grupos criminales extraen madera valiosa en AP, TI y tierras públicas, empleando violencia contra defensores del medio ambiente, comunidades indígenas y autoridades. La construcción de caminos ilegales para acceder a zonas remotas amplía la deforestación y facilita otras actividades ilícitas.

Fuentes: Stolen Amazon: Environmental Crime in the Tri-Border; Illegal Logging, Wildlife Trafficking, and Enforcement Tech

Incendio forestal: Pérdida de cobertura arbórea por incendios sin evidencia posterior de conversión humana o actividad agrícola. Los incendios pueden ser provocados por causas naturales (por ejemplo, rayos) o estar relacionados con actividades humanas (accidentales o deliberadas).

Los incendios forestales rara vez ocurren de forma natural en la Amazonía; la mayoría son provocados deliberadamente. El fuego se utiliza para despejar grandes áreas con fines ilegales: agricultura, ganadería, especulación de tierras y ocultamiento de tala ilegal. Grupos criminales orquestan incendios para expandir su control territorial. El uso del fuego como herramienta de deforestación es una manifestación directa del crimen contra la naturaleza.

Fuentes: Nature Crime Fuels Deforestation in the Amazon; Amazon rainforest fires 2022: Facts, causes, and climate impacts

Asentamientos e infraestructura: Pérdida de cobertura arbórea por expansión de carreteras, asentamientos, áreas urbanas o infraestructura.

La expansión de infraestructura -legal o ilegal – suele ser un facilitador clave de los delitos ambientales. La construcción ilegal de carreteras permite el acceso a zonas remotas para tala, minería y expansión agrícola ilícita. Estas vías actúan como corredores para mercancías ilegales y abren nuevas fronteras de deforestación.

Fuente: How the Amazon crisis is reshaping responses to environmental crime

Otras perturbaciones naturales: Pérdida de cobertura arbórea causas naturales distintas de incendios (deslizamientos, plagas, meandros fluviales). Si la pérdida natural es seguida de tala de rescate, se clasifica como tala. N/A

Resultados en áreas protegidas #

En el caso de los parques nacionales, la gran mayoría de la pérdida forestal detectada en 2024 (84,4 %) se debió a incendios de origen humano que se propagaron sin control (clasificados por la UMD como incendios forestales). Un 2,4 % adicional correspondió a causas naturales, como deslizamientos de tierra, tormentas de viento y cambios en el curso de los ríos. En consecuencia, estimamos que el 13,2 % de la superficie perdida (31 306 hectáreas) en los parques nacionales analizados (aquellos con más de 1 000 ha de pérdida en 2024) está relacionada con agricultura (permanente e itinerante), minería de oro y la tala, todas ellas posibles indicadores de delitos contra la naturaleza.

Entre los 23 parques nacionales analizados en esta sección, Venezuela es el país con la mayor superficie (14,2 M ha), seguida de Brasil, Colombia y Bolivia.

Bolivia registró la mayor pérdida forestal (125 946 ha), principalmente debido a incendios forestales. De manera similar, en Brasil la mayor parte de la pérdida también se atribuyó a incendios. En contraste, la limitada pérdida registrada en Colombia se debió a la agricultura permanente.

Hubo variaciones importantes según el país.

Tanto en Brasil como en Bolivia, la mayor parte del impacto en los parques nacionales se debió a incendios forestales (88 % y 96 %, respectivamente). El parque más afectado por los incendios, con amplia diferencia, fue el Noel Kempff Mercado de Bolivia (110 000 ha; véase la Figura 3), seguido por los parques Mapinguari y Pacaás Novos de Brasil y el Isiboro Securé de Bolivia, cada uno con más de 10 000 ha de pérdida.

Figura 3

Sin embargo, otras áreas en Brasil y Bolivia registraron más de 1.000 ha de pérdida de bosque primario asociada a agricultura y minería de oro, lo que indica una relación más directa con posibles delitos contra la naturaleza. Por ejemplo, l Isiboro Securé de Bolivia y el Jamanxim de Brasil (véase la Figura 4; cabe señalar que esta área también sufrió incendios extensos), así como Mapinguari registraron cada uno más de 1.000 ha de pérdida de bosque primario relacionada con agricultura en 2024.

Figura 4

En Colombia, el patrón fue distinto: el impacto de los incendios fue muy reducido (1,8 %), mientras que la agricultura representó la gran mayoría de la pérdida forestal (87,7 %). Tres parques registraron más de 1 000 ha de pérdida asociada a posibles delitos contra la naturaleza (agricultura y tala): Tinigua (Figura 5), Macarena y Chiribiquete.

Figura 5

En Perú, los datos revelaron una característica importante: la exclusión de áreas con altos niveles de pérdida de bosque por causas naturales, como deslizamientos de tierra y tormentas de viento. El parque Manu registró 1.385 ha de pérdida de bosque primario en 2024, lo que indica un problema grave en uno de los parques más emblemáticos del mundo. Sin embargo, los datos sobre los factores impulsores muestran que esta pérdida se debió principalmente a perturbaciones naturales (Figura 6).

Figura 6

Resultados en territorios indígenas #

Se observaron hallazgos similares para los TI en 2024. La gran mayoría de la pérdida forestal (90 %) se debió a incendios fuera de control (incendios forestales), principalmente en Brasil y Bolivia, y un 1 % adicional correspondió a causas naturales.

En consequencia, nuestra estimación inicial es que casi el 9 % de la superficie deforestada en los TI analizados – equivalente a 119 580 hectáreas en aquellos que perdieron más de 1 000 ha en 2024 – podría estar relacionada con delitos contra la naturaleza que implican la conversión ilegal de ecosistemas naturales para la agricultura (permanente (5,3 %) y de roza y quema (0,7 %)), la minería de oro (0,6 %) y la tala (2 %). En total, 19 territorios registraron más de 1,000 ha asociada a agricultura y 3 territorios superaron las 1,000 ha de pérdida por minería. Por ejemplo, los datos muestran una deforestación extensa por minería de oro en el Territorio Indígena de Sararé en Brasil (Figura 7), y una deforestación por agricultura en el Territorio Indígena de Llanos del Yarí Yaguara II, en Colombia (Figura 8).

Entre los 86 territorios indígenas analizados en esta sección, Brasil presentó la mayor superficie total, seguido de Venezuela y Bolivia. Tanto en Brasil como en Bolivia, la mayor parte de la pérdida se debió a incendios forestales. En el caso de Venezuela, los incendios también fueron la causa principal, seguidos de la agricultura permanente.

Figura 7

Figura 8

Análisis detallado de la pérdida forestal relacionada con la agricultura y la minería de oro #

Para la parte final del análisis de 2024, nos enfocamos en la pérdida de bosques causada por agricultura y minería de oro en los parques nacionales y los territorios indígenas. Para ello, ajustamos los umbrales: 250 hectáreas para agricultura y 100 hectáreas para minería de oro.

Además, para cada área que supera estos valores, confirmamos la pérdida forestal y su causa utilizando imágenes satelitales de alta resolución (Planet). Este paso fue fundamental, ya que identificamos varios falsos positivos, en su mayoría incendios clasificados erróneamente como agricultura.

Confirmamos que en 2024 hubo 12 parques nacionales con más de 250 hectáreas de deforestación relacionada con agricultura (Figura 9). Los más destacados fueron Tinigua y Macarena en Colombia (véase la Figura 10 para un ejemplo de la confirmación mediante imágenes satelitales), con más de 4,000 ha y 3,000 ha, respectivamente. Otras áreas confirmadas incluyen: Jamanxim (Figura 11), Mapinguari, Serra do Pardo, Juruena y Serra do Divisor en Brasil; Chiribiquete, La Paya y Picachos en Colombia; y Carrasco en Bolivia.

Figura 9

Figura 10

Figura 11

Determinamos que la pérdida de bosque en algunas áreas de los parques no estaba relacionada con delitos contra la naturaleza. Por ejemplo, en Isiboro-Secure, en Bolivia, confirmamos mediante imágenes satelitales que la pérdida mostrada en la Figura 12 correspondía a daños causados por una tormenta de viento, es decir, un evento natural. En consecuencia, esta pérdida no es probable que esté relacionada con actividades ilícitas.

Figura 12

Del mismo modo, confirmamos 38 TI con más de 250 hectáreas de deforestación relacionada con agricultura en 2024 (Figura 13). La deforestación con fines agrícolas no es necesariamente ilegal dentro los territorios indígenas; por ello, estos datos requieren un análisis más detallado del tamaño de cada evento y del tipo de cultivos, con el fin de distinguir de manera más confiable entre la agricultura a escala industrial (probablemente no autorizada en estos territorios) agricultura de subsistencia a pequeña escala (que puede ser legal) y cultivos potencialmente ilícitos, como la coca. Los más destacados fueron Ace Catato, Baure, Monte Verde, Takana 1, Takovo Mora y Guarayo en Bolivia; Cachoeira Seca en Brasil; y Llanos del Yarí-Yaguara II y Nukak-Maku en Colombia; todos con más de 1,000 ha cada uno. Otros territorios confirmados incluyen: Mosetén y Ayopaya en Bolivia; Tenharim Marmelos, Trincheira/Bacajá, Sepoti, Sete de Setembro y Uru-Eu-Wau-Wau en Brasil; Selva de Mataven en Colombia; Yamanunka en Ecuador; y Colpa, Janabeni, Morroyacu y Muruinia en Perú.

Figura 13

También confirmamos seis parques nacionales con más de 100 hectáreas de deforestación por minería de oro en 2024 (Figura 14). Entre ellos se encuentran Campos Amazônicos (Figura 15), Jamanxim, Juruena y Río Novo (Figura 16) en Brasil; y Caura y Canaima en Venezuela.

Figura 14

Figura 15

Figura 16

  • Del mismo modo, confirmamos 15 Territorios Indígenas (TI) con más de 100 hectáreas de deforestación por minería de oro en 2024 (Figura 17). Los más destacados fueron Kayapó (Figura 18) y Sararé (Figura 19) en Brasil; y Pemon en Venezuela, cada uno con más de 1,000 ha de pérdida. Otras áreas afectadas incluyen: San José de Karene (Figura 20), Barranco Chico, Boca Inambari, Kotsima y Tres Islas en Perú; Yanomami, Aripuanã, Munduruku en Brasil; Baramita y Malali en Guyana; y Akawayo en Venezuela.

Figura 17

Figura 18

Figura 19

Figura 20

Factores dominantes en áreas protegidas y territorios indígenas #

Por último, en esta sección presentamos un mapa de la pérdida forestal por factor dominante para cada parque nacional que cumple con los umbrales mencionados anteriormente (250 hectáreas para la agricultura y 100 hectáreas para la minería de oro). Es importante señalar que estos datos fueron corregidos mediante nuestro análisis de imágenes satelitales de alta resolución, lo que permitió eliminar falsos positivos presentes en los datos originales de la UMD). El mapa muestra que la mayoría de los casos en Brasil y Bolivia estuvieron asociados principalmente con incendios, mientras que en Colombia la mayor parte de la pérdida se debió a agricultura (Figura 21).

Figura 21

De los 78 parques nacionales de la Amazonía, los incendios fueron el factor determinante de pérdida forestal en la mayoría de ellos (26 parques, el 33 % del total, que abarcan 202 704 ha), seguidos por las causas naturales (20 parques, el 26 %, que abarcan 7 009 ha) y la agricultura permanente (17 parques, el 22 %, que abarcan 23 433 ha). Completan la lista la tala (9 parques, 12 %, que abarcan 6 836 ha), el cultivo itinerante (4 parques, 5 %, que abarcan 4 335 ha) y la minería (2 parques, 3 %, que abarcan 1 214 ha) (Figura 22).

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Figura 22

De los más de 3.000 territorios indígenas analizados, el cultivo itinerante fue el factor dominante de pérdida forestal, afectando a1.243 territorios (41 % del total). Le siguió la agricultura permanente, presente en 915 territorios (30 %). Completan la lista las causas naturales (334 territorios, 11 %), los incendios (270 territorios, 9 %), la tala (209 territorios, 7 %) y la minería (39 territorios, 1 %). Aunque en el mapa los incendios parecen predominar, esto se debe a que afectaron a los territorios más grandes de Brasil y Bolivia. Sin embrago, la agricultura está mucho más extendida y afecta principalmente a territorios más pequeños.

3. Estimación detallada de la deforestación ilegal en el estado de Mato Grosso, Brasil. #

Esta sección se basa en una colaboración de cuatro años con el Instituto Centro de Vida (ICV) de Brasil. Durante este período, Amazon Conservation lideró el monitoreo mensual de los principales casos de nueva pérdida forestal detectados por las alertas GLAD (Universidad de Maryland). Todos los casos confirmados como deforestación mediante análisis de imágenes de alta resolución (3 metros) se ingresaron en una hoja de cálculo compartida. Con base en estas imágenes, cada caso fue clasificado según su causa, y posteriormente el ICV determinó si la deforestación era legal o ilegal mediante el análisis de los registros catastrales.

Esta metodología permitió estimar la deforestación ilegal en todo el estado de Mato Grosso, no sólo dentro de las áreas naturales protegidas (ANP) y los territorios indígenas (TI). La identificación de los factores impulsores evolucionó a lo largo de los cuatro años: en 2022, el monitoreo se centró en soja y la ganadería; en 2023, se añadió una categoría de cultivos distintos de la soja; y en 2024, se incorporó la minería de oro.

Durante el periodo 2022-2025, confirmamos 479 casos de deforestación en Mato Grosso, de los cuales el 67 % fue ilegal (Figura 23). Estos casos abarcaron 131 702 hectáreas, y la mayor parte de esta superficie (61 %) correspondió a deforestación ilegal, lo que evidencia problemas de gobernanza. El 39 % restante se debió a deforestación legal, permitida por el Código Forestal de Brasil, que autoriza a los propietarios a deforestar parte de sus tierras siempre que cuenten con autorización previa.

Al analizar únicamente el período 2024-2025 —los dos años con datos completos para las cuatro categorías de factores impulsores—, confirmamos 336 casos de deforestación, de los cuales el 75 % (252 casos) fueron ilegales (Tabla 3). La mayoría de estos casos ilegales (70 %) estuvo asociada a minería de oro.

La superficie afectada por estos casos asciende a 86 615 hectáreas, de las cuales el 70 % (60 553 hectáreas) correspondió a actividades ilegales (Tabla 3). Al desglosar esta deforestación ilegal, casi la mitad (49 %) de la superficie correspondía a la ganadería (29 854 ha), el 39 % a cultivos distintos de la soya (23 783 ha), el 10 % a la minería de oro (6 053 ha) y el 1 % a la soya (862 ha).

Es importante destacar la diferencia entre el número de casos y la superficie afectada. Aunque la minería ilegal de oro representó el mayor número de casos (70 %), la superficie afectada por esta actividad (10 %) fue menor que la asociada a la agricultura (Tabla 3).

Tabla 3

Figura 23

Comparación de dos conjuntos de datos panamazónicos: UMD y MapBiomas #

Para esta sección, retrocedemos a 2023 para comparar dos de los principales conjuntos de datos anuales sobre la pérdida forestal en toda la Amazonía: los de la Universidad de Maryland (UMD) y los de Mapbiomas.

Existen varias diferencias clave entre ambos. En primer lugar, como se señaló anteriormente, la Universidad de Maryland publica sus datos anuales con mayor rapidez. En 2025, la UMD publicó los datos de 2024 en mayo, mientras que Mapbiomas aún no los había publicado al 1 de octubre de 2025. En segundo lugar, la UMD registra pérdida de bosque primario, mientras que Mapbiomas registra cualquier tipo de transición en el uso de la tierra.

En tercer lugar, los datos anuales de la UMD tienen una resolución de 30 metros, pero su conjunto de datos sobre factores impulsores utiliza una resolución más gruesa de 1,000 metros (1 km). Mapbiomas, en cambio, mantiene una resolución de 30 metros tanto para la pérdida como para los factores impulsores.

Ambos sistemas utilizan siete categorías, pero con diferencias técnicas. La Universidad de Maryland: agricultura permanente, cultivo itinerante, productos básicos, tala, incendios forestales, asentamientos e infraestructura, y otras perturbaciones naturales. Mapbiomas: pastizales, agricultura, aceite de palma, mosaico de usos, área urbana, minería y otras áreas sin vegetación.

Es importante señalar que Mapbiomas no incluye específicamente incendios ni tala, dos de las principales formas de degradación forestal, y tampoco distingue claramente entre pérdida natural y pérdida causada por actividades humanas. Por otro lado, sí diferencia pastizales para ganadería de otros tipos de agricultura.

Para las ANP, la Universidad de Maryland estima 163 795 hectáreas de pérdida de bosque primario por causas distintas a incendios y 177 732 ha adicionales por incendios (por un total de 341 528 ha en 674 AP). Mapbiomas estima 299 837 hectáreas de transición de uso de la tierra en 650 AP. Esto implica que Mapbiomas reporta más deforestación si se consideran solo causas distintas a incendios ( 299 837 ha vs. 63 795 ha), pero menos pérdida total si se incluyen los incendios (299 837 ha vs. 341 528ha).

Para hacer los datos de Mapbiomas más comparables con los de la UMD, filtramos las transiciones que afectan las tres categorías forestales principales (bosque, formación forestal y bosque inundado). Con este filtro, la estimación se reduce a 242 982 ha, acercándose más a la cifra de pérdida de bosque primario no relacionada con incendios de la UMD.

Para los TI, la UMD estima 178 798 hectáreas de pérdida de bosque primario por causas distintas a incendios y 146 088 ha adicionales por incendios (por un total de 324 887 ha en los 3 602 territorios). Mapbiomas estima 303 832 hectáreas de transición de uso de la tierra en 3 496 territorios.

Al igual en las áreas protegidas, Mapbiomas reporta más desforestación si se excluyen incendios (303 832 ha vs. 178 798 ha), pero menos pérdida total si se incluyen incendios (303.832 ha vs. 324.887 ha).

Análisis 2023, UMD frente a Mapbiomas #

En relación con nuestro análisis específico de los factores que impulsan los delitos contra la naturaleza, comparamos las capas de «Agricultura permanente» y «Cultivo itinerante» de la UMD con las capas de «Pastizales», «Agricultura» y «Aceite de palma» de Mapbiomas. La Figura 24 ilustra los resultados de esta comparación. Se observa una coincidencia significativa entre ambos conjuntos de datos (indicada en rojo), especialmente en gran parte de Brasil y en algunas zonas de Bolivia y Colombia. Sin embargo, existen diferencias regionales importantes. Mapbiomas presenta una cobertura más extensa en el este de Brasil, mientras que la UMD muestra una cobertura más amplia en el oeste y noreste de la Amazonía.

Figura 24

En cuanto a la minería, comparamos la capa de «Materias primas duras» de la UMD con la capa de «Minería» de Mapbiomas (Figura 25).

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Figura 25

En 2023, en todas las áreas naturales protegidas, los datos de Mapbiomas indican que la gran mayoría de las transiciones estuvieron relacionadas con la agricultura (71 %), especialmente con los pastizales (66 %). A la agricultura le siguieron el mosaico de usos (45 %), la minería (1 %) y otras áreas sin vegetación (1 %). Al aplicar el filtro de bosque primario, la proporción atribuida a agricultura aumentó a 79 %, impulsada principalmente por los pastizales (a 73 %), mientras que el mosaico de usos disminuyó a 19 %. La minería se mantuvo en 1 %.

En los territorios indígenas, también en 2023, Mapbiomas registró que la mayoría de las transiciones estuvieron relacionadas con la agricultura (52 %), especialmente los pastizales (40 %). Le siguieron el mosaico de usos (26 %), la minería (1 %) y otras áreas sin vegetación (1 %).

Al limitar el análisis a los parques nacionales con más de 1,000 ha de impacto en 2023: UMD detectó 8 áreas, Mapbiomas detectó 4 áreas. Solo una área coincidió entre ambos conjuntos de datos (agricultura en Isiboro Securé). Esto revela diferencias importantes: Mapbiomas no detectó varias áreas con agricultura permanente y pérdidas relacionadas con incendios en Bolivia (Noel Kempff), Brasil (Juruena y Araguaia) y Venezuela (Canaima y Caura). Por otro lado, UMD no detectó tres áreas con transiciones de agricultura y mosaico en Bolivia (Carrasco) y Ecuador (Cayambe Coca y Sangay).

Al limitar el análisis a los territorios indígenas con más de 1.000 ha de impacto: UMD detectó 50 territorios, Mapbiomas detectó 53 territorios. Dieciocho de estas áreas coincidieron entre ambos conjuntos de datos (principalmente en Bolivia, Brasil y Colombia). Al centrarnos en los factores específicos asociados a delitos contra la naturaleza, en el caso de la agricultura, UMD detectó 30 territorios con más de 250 hectáreas de impacto, frente a 40 territorios de Mapbiomas. En cuanto a la minería, UMD detectó 5 territorios con más de 100 hectáreas de impacto, frente a cero de Mapbiomas, lo que pone en duda la precisión de la capa de minería de Mapbiomas. Los territorios con minería detectados por UMD incluyen los casos esperados: Kayapó, Munduruku, Sararé y Yanomami, entre otros.

Conclusión #

El análisis presentado en este informe establece un vínculo cuantificable entre la deforestación en las áreas protegidas (AP) y las tierras indígenas (TI) de la Amazonía, y las posibles manifestaciones de delitos contra la naturaleza. Dichas actividades no son sucesos aislados: con frecuencia forman parte de patrones más amplios de cambio en el uso de la tierra, impulsados por entidades organizadas.

Los resultados resaltan la necesidad de un monitoreo constante y continuo de los factores que impulsan la deforestación y de su correlación con diversas formas de delitos contra la naturaleza. A medida que evolucionan los métodos empleados por quienes realizan actividades ilícitas, también deben hacerlo los enfoques analíticos utilizados para detectarlas y comprenderlas. Un monitoreo sostenido puede proporcionar a las autoridades ambientales y de aplicación de la ley los datos necesarios para identificar tendencias emergentes, anticipar áreas de pérdida forestal futura y respaldar intervenciones específicas.

La sociedad, al operar más allá de las fronteras nacionales y mantener continuidad institucional, puede desempeñar un papel clave en este proceso. Su capacidad para sostener un monitoreo a largo plazo permite seguir los cambios en los patrones de deforestación y detectar amenazas emergentes. Además, su rol en la difusión de datos y la transparencia fortalece la rendición de cuentas y garantiza que los hallazgos del monitoreo sirvan de base para decisiones políticas y acciones de control.

En el futuro, series temporales consistentes que analicen los factores impulsores de la deforestación y su relación con los delitos contra la naturaleza en toda la Amazonía podrían proporcionar información valiosa sobre la eficacia de las medidas de aplicación de la ley implementadas para enfrentar este problema.

Notas #

  1. WRI, 2025, People, Planet, Justice: Understanding and Countering Nature Crime. Disponible en: https://www.wri.org/research/people-planet-justice-understanding-and-countering-nature-crime

  2. La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada es un consorcio de organizaciones de la sociedad civil de los países amazónicos, con el apoyo de socios internacionales, que se ocupa de la sostenibilidad socioambiental de la Amazonía. https://www.raisg.org/